¿A quién le importa la universidad?

 

No ha bastado con la merma sostenida y constante de la calidad académica por falta de insumos y recursos que el gobierno “socialista” se niega a asignar a la universidad pública venezolana. No ha sido suficiente con la deserción de muchos de los mejores y más preparados profesores, no sólo reconocidos dentro del país sino fuera de nuestras fronteras. Tampoco ha sido motivo de alarma la estampida de muchos de los más destacados gerentes académicos, decanos, directores, coordinadores, etc. aquellos que apostaban por la excelencia y la mejor educación.

Para el gobierno nacional, y quizá gran parte de la sociedad, la universidad pareciera ser un asunto lejano, poco preocupante, que en todo caso debemos resolver los involucrados. Sin embargo, para los que estamos del otro lado, y nos mantenemos en la institución -aun dando la cara únicamente por vocación y convicción- no deja de ser cada día más desconcertante la situación. El país poco a poco nos está expulsando, por las buenas o por las malas, no se comprende el rol del docente ni de la universidad en la sociedad. De hace muchos años sabemos que a los gobiernos autoritarios no les interesa el conocimiento ni la comunidad pensante y mucho menos si disiente de sus políticas. A la larga, con lo que sucede en el país se ha venido demostrando que la universidad no estaba equivocada, y aunque no es posible generalizar en cuanto a la supuesta postura política de toda una institución, ha quedado claro que la universidad en general pareciera serle incómoda al poder político. Como consecuencia, ha sufrido una asfixia de recursos cada día más aguda y prácticamente inaguantable que tiene una raíz y un objetivo bastante claro: desanimarla, desaparecerla o sencillamente transformarla en una institución sumisa como ha sucedido en otros lugares. Si bien debemos reconocer que ha costado que las casas de estudio públicas dejen de existir (ya son 17 años de un sometimiento sostenido) quizá nos encontremos ya en la etapa de agonía y puede que lo demás sea cuestión de tiempo.

También se debe hablar de la sociedad porque no deja de ser curioso que muchas familias venezolanas ni se enteren del conflicto tan grave que se desarrolla hoy en la universidad. A no ser que tengan un hijo o un familiar involucrado que esté “perdiendo sus clases”, no hay noción, ni hay interés, no se sabe nada. No tienen idea, por ejemplo, sobre los aproximadamente 30$ (devaluados día a día) que gana al mes un profesor promedio, mucho menos sobre las peripecias extra muros que debe hacer para sobrevivir si se quiere dedicar exclusivamente a ser docente. Tampoco saben que no hay papel, tinta, insumos, limpieza y lo más grave: seguridad para la comunidad. Se podría estar un largo rato enumerando las calamidades típicas de una devastación post guerra que sufre hoy la institución. Paradójicamente, en ciertas familias queda algún simpatizante o incluso militantes políticos del gobierno que, en gran parte de los casos, prefieren sacar a sus hijos fuera del país en lugar de contribuir a solucionar un problema que es de todos y de futuro. También los propios estudiantes, con todo y sus “necesidades y apuros” comprensibles hasta cierto punto, deben madurar, aprender y entender lo que significa este momento de país, saber leerlo y actuar en consecuencia porque todos son parte necesaria en los procesos de cambio. También sus hijos necesitarán de la universidad en un futuro. Es necesario hoy conocer sobre sus problemas y apoyarla porque esa actitud de indiferencia y lejanía traerá consecuencias serias a corto y mediano plazo.

A los romanos se les atribuye un principio inteligente para ganar las batallas políticas: “divide y vencerás” (Divide et impera). Esto consistía en evitar que los grupos se aglutinaran o se reunieran en grandes masas para así ellos negociar con sectores más pequeños y mantenerlos dominados y distanciados. Peligrosamente esto ha sucedido en la universidad, gracias a unos dirigentes gremiales y unas autoridades universitarias que no se sabe a ciencia cierta por qué camino van. No nos queda claro a la comunidad académica, en muchas ocasiones, si las aspiraciones personales, políticas, etc. logran opacar para lo que han sido elegidos que fue representar los intereses de la comunidad académica por encima de otros asuntos. Todos son profesores universitarios y fueron estudiantes ¿entonces? Esta situación de ambigüedad, de desinformación, falta de sensatez y hasta de poca transparencia ha dado como origen la ruptura del bloque universitario que se había venido manteniendo, también una innecesaria separación y enfrentamiento por sectores, y en consecuencia el debilitamiento del colectivo. Sin embargo, lo que sí pareciera quedar claro es que hay un rechazo general por esa manera “camaleónica” de manejar los problemas.

Si bien la situación universitaria hoy no es más que reflejo de lo que sucede en un país que prácticamente se mantiene con la buena voluntad, el entusiasmo y el optimismo de muchos, uno como ciudadano y profesor no puede dejar de preguntarse: si los gobiernos pasan, las autoridades universitarias y gremiales pasan, hasta los estudiantes que son protagonistas en su momento pasan, y la sociedad tampoco se entera, entonces quién se encarga de la situación, quién asume el compromiso ¿a quién le importa la universidad?

 

Arq. Víctor Sánchez Taffur

Profesor FAU / UCV.

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*Texto con motivo de la reactivación itempestiva del paro de profesores universitarios por parte de FAPUV.