Entrevista para la revista ICCI

Marzo 2017

 

¿La arquitectura arte, técnica o un hecho social?

En el caso de la arquitectura creo que, quizá, empezaría por no separar estas tres cosas. Últimamente ha hecho mucho daño colocar etiquetas a una disciplina que, aunque algunos insistan en decir que tiene que cambiar, que el rol de arquitecto debe revisarse, etc. en la práctica y en esencia sigue siendo lo mismo de hace siglos: ofrecer un servicio en función de contribuir a mejorar la calidad de vida en lo que respecta al hábitat. Si los arquitectos nos consideramos artistas, somos exclusivamente constructores, o incluso sociólogos, esas ya son particularidades o hasta desviaciones del objetivo disciplinar fundamental. La arquitectura por definición es social, sostenible y también puede llegar a ser arte, cuando aborda con seriedad y rigor una serie de aspectos que trascienden la mera construcción. Lo que tiene que ocuparnos, y eso no necesariamente implica cambiar sino adaptarse, es que la arquitectura debe reconocer los nuevos medios tecnológicos, constructivos y las dinámicas socio-culturales para así contribuir de manera efectiva a resolver problemas contextuales. Es decir, los arquitectos estamos en la obligación de hacer propuestas que estén en sintonía con las demandas y necesidades del lugar y no con intereses propios, el ego o las modas. Hablamos de obras con los “pies sobre la tierra”, que se adapten de manera sincera al contexto. Los demás discursos fuera de ese orden disciplinar parecieran ser subterfugios. Los mismos arquitectos nos hemos inventado historias, para figurar y sobresalir, a partir de darle vuelta a cosas que al final caen por el peso que les concede la historia.

¿La arquitectura sigue siendo solo Venustas, Firmitas, Utilitas?

Esta pregunta quizá se vincule un poco a la anterior aunque su respuesta podría ser bastante larga y compleja. Trataré de dar mi humilde versión resumida. Si miramos aquellos tres principios de la Arquitectura que Marco Vitruvio Polión describiera en su tratado De architectura (siglo I a.C). Belleza, Firmeza y Utilidad, podría ser mucho más interesante, por razones obvias, mirar estas recomendaciones más como llamados al sentido común, a los que los arquitectos debemos atender para proyectar y construir, que como manual de reglas o normas cerradas o caducas. Como en todo manifiesto: hay que situarse en el momento y las condiciones para comprender y sacar partido de ese conocimiento, si fuera el caso. Mientras esos principios básicos logren ser punto de partida, flexible, adaptable e incluso “reinterpretable”, el abanico se amplía de manera considerable. La belleza, por ejemplo, es tan variable de un tiempo a otro como en cuanto a su definición según el lugar geográfico, la cultura, la sociedad, etc. Para hablar de la firmeza, que es fundamentalmente la construcción, implicaría hoy no solo comprender la técnica y la calidad del material para su durabilidad en el tiempo sino contemplar también los medios de producción y ejecución en función de las economías, etc. Finalmente, la utilidad ha dado en los últimos años unos giros interesantes con el reciclaje de edificios, los cambios de usos para conservarlos, o la temporalidad de algunas actividades que obligan a cambios de programa constantes, etc., todo esto por las mismas dinámicas en las que se encuentran inmersos los nuevos tiempos.

¿Bajo qué perspectiva debe estar enfocada la enseñanza de la arquitectura en la actualidad?

Hoy en día, pienso que las escuelas de arquitectura harían una gran labor si hablaran únicamente sobre ARQUITECTURA (con mayúsculas). Si se comprende la disciplina, desde todas sus vertientes y complejidades, con seguridad no nos alcanzarían 5 años para cursar tan solo el periodo básico de formación. Por un lado, durante la carrera no debería descuidarse nunca la parte instrumental, es decir ofrecer herramientas concretas para que arquitecto pueda operar. Con esto me refiero a saber componer, si se decide proyectar, o saber analizar y criticar si la idea es dedicarse a escribir. Por otro lado, no pareciera sano incurrir en la falsa idea de que las escuelas de arquitectura deben profesionalizar a los estudiantes, para eso está la calle. Las escuelas son para explorar, para experimentar y para enseñar a pensar -si es que esto último fuera posible- pero no para hacer un símil de la calle. En el aula se deben tratar temas de investigación con un trasfondo intelectual muy por encima del comercial y sobre todo mostrar los caminos de la crítica. Pienso que es necesario adiestrar en esa dirección.

Luego, en las escuelas, al menos en los talleres de proyectos, no se debería únicamente teorizar sino concretar en la práctica del proyecto los conocimientos de las otras asignaturas. En contraposición, pretender que esta asignatura es únicamente para sesiones de arte, historia, o teoría (o una sala de transcripción de una oficina) es evadir el compromiso reflexivo y práctico que exige el proyecto arquitectónico como oficio. Luego de finalizar la carrera, con toda seguridad existirán maestrías y estudios de cuarto nivel que seguramente podrán dar rienda suelta a cada inquietud personal. El problema está en los desbalances propios de la mirada de las autoridades académicas, los pensum caducos y por supuesto los vicios de los docentes que impartimos clases. Una escuela donde todo gire en torno al proyecto en barrios, al igual que otra dónde el centro sea solo el objeto arquitectónico aislado, o igual de grave, un centro de enseñanza de la arquitectura dónde lo único que se estudie sean proyectos urbanos solo está entiendo una parte del problema. Por otro lado, si es importante la parte experimental y de especulación también lo debe ser conectarse con la realidad-país, todo en la justa medida. Al culminar los estudios, es importante contar con un arquitecto sensible y con instrumentos, esto significa una persona interesada en la investigación constante, que sea inquieta intelectualmente hablando, pero también capaz de concretar y comprender los retos que demanda el oficio frente a los distintos campos a los que se debe la profesión.

¿Cuál crees que sería la diferencia entre la arquitectura en la academia y la arquitectura en la calle?

Tal vez, empezaría por entender que en la academia se hacen proyectos, se desarrollan ideas hasta un cierto punto y en la calle los proyectos se construyen, o al menos es básicamente para lo que se realizan. Eso es ya una diferencia importante porque implica unos procesos de desarrollo y unas inquietudes con orientaciones distintas. Las dinámicas, el trabajo multidisciplinar, la aparición del cliente, etc. son factores que existen y tienen peso al momento de tomar decisiones para proyectar en la calle. Quizá también esto tenga que ver en que para mí la arquitectura se concreta y se materializa cuando se construye, así lo he llevado siempre y así lo enseño. A mis estudiantes del taller de proyectos, junto a nuestras experimentaciones académicas, les comparto constantemente mis experiencias de obra. En la oficina, en cambio, a los chicos que me ayudan, les hago notar que allí pretendo siempre llevar a la realidad las inquietudes intelectuales y las especulaciones de la academia. Es decir, en la academia trato de ser arquitecto y en la oficina me gusta ser profesor. Es la manera que he encontrado para que el discurso sea coherente, unitario y complementario, que todo sea una sola cosa pero cada una esté en su lugar.

¿Luis Barragán decía “Creo en una arquitectura emocional. Es muy importante para la especie humana que la arquitectura pueda conmover por su belleza”. Puede la arquitectura virtual (digital) producir esa misma emoción?

Definitivamente no, la realidad virtual puede llevar a otros escenarios y otro tipo de vivencias importantes y muy avanzadas últimamente, sensaciones nuevas, quizá complementarias. La arquitectura si no se habita en el espacio-tiempo de manera presencial, si no se puede caminar y escuchar los pasos, tocar sus texturas, percibir sus olores, entre otras cosas, sería entonces una simulación, para mí la arquitectura es un hecho construido con todo lo que esto implica.

 

Cuaderno institucional de información y cooperación de la Universidad del Zulia

Arq. Víctor Sánchez Taffur

Profesor Taller de Proyectos. UD9_FAU_UCV