Sobre las maquetas en arquitectura

Publicado en la Revista UNO.  Junio de 2016

 

¿Por qué la maqueta en esta época de programas de visualización digital?

Quizá sería importante comentar que son ya más de dos décadas en las que vengo experimentado con diferentes maneras de concebir, diseñar y elaborar maquetas de arquitectura, las tres cosas. Curiosamente, nunca me he podido considerar un maquetista, ya que por encima de la meticulosa y precisa ejecución del objeto mi interés siempre se ha centrado en la arquitectura, por ende, es lo que ejerzo profesionalmente. Es decir, es sólo a partir del proyecto, y la obra, que me interesa la representación y no al contrario, incluso lo fue cuando hicimos a nivel profesional durante varios años maquetas para colegas y amigos. Una vez comprendido esto, las pruebas y ensayos de todos estos años han estado orientados en la búsqueda de la comunicación de las ideas de arquitectura, tanto a través de la gráfica como de los modelos a escala.

Respondiendo a la pregunta, lo primero sería entender que una “visualización digital”, como le has llamado, no necesariamente tiene por qué reñirse con la elaboración de maquetas, por el contrario, ambas se complementan aunque pertenezcan a áreas distintas de la representación. En ese sentido, lo que sí tienen las dos como objetivo final es enviar un mensaje mediante códigos y el manejo de un lenguaje. Haciendo un poco de memoria, la realización de modelos virtuales en 3D durante mediados de los `80 y todos los ’90 -producto de la novedad con el uso del computador- logró que los modelos en físico quedaran relegados temporalmente a un segundo plano. Sin embargo, también desde hace más de una década y como era lógico, el mundo digital se puso al servicio de la producción de las maquetas. Gracias a esto, aparecieron nuevas posibilidades no sólo para concebir sino para producir con rapidez y precisión un trabajo que antes tomaba horas y tenía innumerables limitaciones. Durante todo este trance, ambos mundos han logrado interesantes fusiones para ofrecernos nuevos tipos de maquetas con materiales sofisticados, superficies graficadas o “mapeadas”, piezas interactivas, dispositivos móviles, etc. Puedo comentarte, por ejemplo, que al maestro Campo Baeza nunca le han interesado los renders. Allí en su taller se hacen a mano maquetas estudio de todo, incluso hasta de detalles en escala 1:1. Luego se toman fotos con luz natural y finalmente con ese material se producen fotomontajes para contextualizar, lograr ciertos efectos, etc. Todo esto último con tecnología digital, por supuesto. Entonces, elegir un medio, el otro, o ambos sólo dependerá de lo que se persiga o se quiera mostrar. Lo importante es conocer las limitaciones y campos de acción de cada uno y sobre todo tener en cuenta su pertinencia.

DOCENCIA. Maqueta volumen-sección. Taller de Proyectos. FAAP. Universidad José María Vargas.

Trabajo: Marcelo Balzano, 1995.

 

¿Ves la maqueta como una herramienta para investigar en arquitectura? ¿Por qué?

Como comentaba anteriormente, siempre he visto la maqueta como un medio y no necesariamente como un fin. Eso es muy importante destacarlo sobre todo en la academia, lugar de investigación por excelencia. Ante la pregunta hay que aclarar que, para mí existen diferentes tipos de maquetas que podrían englobarse en dos categorías: las que tienen que ver con la creación desde cero (y cada una de las etapas de desarrollo) y las maquetas que replican una situación existente y/o la reconstrucción de obra emblemática de la arquitectura para estudiarla o mostrarla. Se podría decir entonces que contamos con maquetas para producir cosas nuevas y otras para reproducir lo que ya existe o en algún momento existió. En ambos casos el modelo en físico es una herramienta para la investigación que suministra datos in situ sobre el objeto en cuestión. En cuanto a lo tangible, una maqueta siempre ofrece una visión globalizante sobre la forma, los espacios, las estructuras, etc., también nos ayuda a comprender la “magnitud” mediante el estudio de las relaciones de escala y tamaño. En cuanto a lo intangible, es una herramienta que sin duda contribuye con la producción del pensamiento y todo lo que esto implica.

Hoy en día, el modelo en físico sigue siendo una herramienta fundamental para el aprendizaje de la arquitectura. En el libro que publicara la FADU de la Universidad de Buenos Aires, denominado 480 estudios del espacio, el profesor Jaime Grimberg comenta algo muy revelador. Cuenta que un grupo de profesores crearon un taller para estudiar en profundidad una serie de obras modernas, y que de allí surgiría luego el famoso Museo de Maquetas. Grimberg, se refiere a la experiencia diciendo: “La investigación progresiva del espacio arquitectónico que realiza nuestro taller es una simulación proyectual que permite desarrollar, entre profesores y alumnos, un proceso continuo de construcción y reconstrucción de las obras de los grandes maestros modernos (…) La cátedra propone al alumno un análisis a través de la comparación de espacios, proporciones y materiales de la obra. Abstracción figurativa y realidad constructiva interactúan en las maquetas: espacio y luz, espacio y tiempo, espacio y construcción deben materializarse para comprender y elucidar la lógica de cada proyecto”. Las maquetas contribuyen a fomentar la comprensión y el entendimiento mediante la construcción, no sólo de las ideas en el presente sino de los importantes legados que nos ha heredado el pasado. Esta manera de aproximarse al estudio de la arquitectura es bastante completa y compleja, y la comparto como herramienta, por eso en mis talleres de proyectos se realiza casi siempre el levantamiento y estudio de una obra emblemática, vinculada de alguna manera al proyecto del semestre.

DOCENCIA. Maqueta en dos escalas. Edificio de Oficinas en Zamora, España. Alberto Campo Baeza.

Taller de Proyectos. FAU. Universidad Central de Venezuela. Investigación. Maquetas: Nastasha Ramírez, Gabriel Marchiani y Elizabeth Troconis, 2013.

 

¿Qué beneficios ofrece el ejercicio de construir maquetas para comprender y proyectar arquitectura?

Las maquetas ofrecen la posibilidad de estimular el imaginario tanto del que la elabora como del que la observa. Son incontables las veces que escuchamos a los profesores decir frente a una presentación de planos completa “¿y dónde está la maqueta?” o frente a algún proyecto deficiente o incomprensible: “lo que sucede es que nunca vimos una maqueta…”. En la profesión o en la docencia, no es solo un requisito, va mucho más allá, se trata de una herramienta de diseño que permite la comprobación y facilita la comprensión del proyecto. Tampoco es únicamente un recurso de exhibición como algunos pretender ver. Siempre he pensado que las maquetas, al ocupar un espacio de la oficina, tu mesa o tu biblioteca, “existen” porque tienen materialidad y construyen una espacialidad finita. Es decir, se las tiene presentes sin necesidad de una carpeta digital, guardada en otra subcarpeta de una computadora que a veces no se sabe ni cuál es. En estos objetos construidos a escala, se mantienen “congeladas” las decisiones y uno las manipula con mucho menos facilidad que el modelo virtual del computador. Tal vez ese esfuerzo para modificar obligue a la pausa, a la reflexión, y en algunos casos, hasta a una valoración más consiente de las operaciones de diseño, quizá porque se distancia de la superficialidad que en ciertas ocasiones lleva consigo la inmediatez del modelado virtual. La maqueta en físico se encuentra abierta para explorar, porque se trata de una pieza de ensayo que permite cortes imprecisos, añadiduras informales, dobleces espontáneos, etc. que a su vez no son más que revisiones, cambios y ajustes del proyecto de arquitectura. En ese sentido, el modelo a escala permite actuar y dominar con nuestras propias manos. En él se emplea el cerebro y la vista, pero también el tacto. Al momento de proyectar constituye no solo un modo de pensamiento sino de acción. Se podrían obtener, incluso, nuevas lecturas en el proceso de diseño arquitectónico a partir del diseño propio de la maqueta como objeto. Allí, hay unos límites delicados de manejar. Es decir, que desde el diseño de la propia maqueta (y su estructura compositiva) se podrían ofrecer opciones y alternativas viables que terminen incidiendo en las decisiones del propio proyecto de arquitectura. El rol de la maqueta como instrumento no es unidireccional proyecto-representación (maqueta) sino que podría ser también (maqueta) representación-proyecto. Este fenómeno de retroalimentación aplica prácticamente para todos los niveles del proceso de proyecto implicados en la representación de las maquetas de arquitectura (conceptual, desarrollo, detalles, etc.).

DOCENCIA. Maquetas de Idea. Taller de Proyectos 2.

Arquitectura. Universidad Simón Bolívar, 2009. Curso impartido con el Profesor. Alfredo Sanabria.

 

El espectro es muy amplio y bondadoso por eso pienso que siempre han sido una opción muy completa para la investigación sobre todo proyectual, porque sirven para estudiar, para diseñar, y luego también presentar conclusiones. La maqueta por su naturaleza de objeto presencial, hoy, sigue ofreciendo una opción válida para imaginar el edificio antes de llevarlo a cabo, es la previa “construcción de la construcción”. Las imágenes y modelos virtuales, en contraparte, nos ofrecen la posibilidad de elaborar unos escenarios y un nivel de detalle impensables en la maqueta en físico, nos permiten más bien acercarnos a una realidad visual y sensorial fundamentada en atmósferas y puntos de vista manipulables en función de unos objetivos de proyecto.

La maqueta en sí es un objeto que tiene su propia lógica proyectual, ¿en qué medida esta lógica se relaciona con la del edificio que pretende representar?

Esa pregunta quizá sea la más interesante de todas por lo compleja y se refiere a lo que acabo de asomar anteriormente. Es justamente en lo que ando como trabajo de investigación, espero poder ofrecer ahora al menos algunas pistas. Sabiendo diferenciar que existen las maquetas de trabajo y las de exhibición, y la manera de entenderlas y trabajarlas es distinta, es importante partir de que siempre son una entidad propia. Quizá por la laboriosidad o incluso ese relativo esfuerzo extra que requiere su construcción, en muchos casos, ha sido descuidada y hasta infravalorada por el propio proyectista y comúnmente se utiliza únicamente para levantar y replicar situaciones. Aun así, no recuerdo haber visto a mucha gente que no le saque partido o se fascine ante el hecho de ver una maqueta bien realizada, sea para una revisión o una exposición de un proyecto. No hablo sólo de manufactura sino del producto como pieza unitaria, armónica, bella, en algunos casos hasta con carácter escultórico. Me refiero a su composición, al uso correcto de materiales y/o colores, a la exploración con texturas y el manejo de las formas, a las proporciones, en fin, a su diseño. Sin embargo, no siempre la maqueta se considera un objeto plástico sino que se mira como un contenedor cuyos valores compositivos y estéticos no son relevantes sino una consecuencia directa de unas operaciones primarias de levantamiento de información. Es decir, el desconocimiento sobre la tema puede llevarnos a extremos que van desde el descuido total del tratamiento de la pieza hasta su “sobre diseño” (exceso de cantidad o sino “poner por encima” del proyecto cosas que están demás). La maqueta de arquitectura se puede componer porque inevitablemente es un elemento que se puede admirar, se pretenda ver así o no. La rigen unas leyes y estructuras geométricas que le son inherentes prácticamente desde que “existe”. Ella transmite un mensaje y maneja unos códigos a través de un lenguaje que puede generar diversas reacciones vinculadas a la percepción.

EXTENSIÓN.

Izquierda. Maqueta con doble sección,

  • elaborada para la oficina Arqui_5.
  • Diseño de escalera en Barrio Unido. La Vega.
  • Exposición DESIGN WITH THE OTHER 90% CITIES.
  • Sala exposiciones ONU. Nueva York, 2011.
  • Maqueta: Anabella Pérez / Vanessa Arias.
  • STArquitectos.

Derecha. Maqueta despiezada.

  • Edificio Donosti (Miguel Salvador).
  • Exposición SUITE IBERIA. Sala TAC.
  • Docomomo Venezuela + FAU.
  • Universidad Central de Venezuela, 2015
  • Pasantes: Arianna Arcuri / Anastasia Carvallo /
  • Sergio Fernández / Stephanie Chiarullo /
  • Manuel Salas.
  • Colaboradores: Marco Cucolo / Alejandro Davila
  • Katiuska De Sousa/ Irenka Lozada / Mariangelly Palermo / Manuel Perdigon / Dinorath Puello
  • Ana Vanessa Romero / Sebastian Silva.
  • Coordinación y Supervisión STArquitectos.

Entonces, es muy cierto lo que comentas, la maqueta tiene su propia lógica proyectual y la clave está en saber cuál es la justa medida de protagonismo frente a la del proyecto que ella debe representar. Bajo esta mirada, podríamos decir que la maqueta estudio (de proceso y de trabajo) representa al proyecto pero también podría aportarle desde su naturaleza propia de objeto. La maqueta de exhibición, únicamente debe mostrar el potencial y las bondades del proyecto de la manera más nítida posible. En mi caso, enfrento el diseño de esta última haciéndome, por ejemplo, las siguientes preguntas: ¿Cuáles son las ideas principales y cómo podrían evidenciarse? ¿Qué es lo que interesa transmitir y cómo? entre algunas otras más específicas. Luego, teniendo esto claro, y siendo consciente de las prioridades, empiezo a actuar. Saber reconocer esto implica que proyecto y objeto que lo representa no están divorciados, deben ser una unidad conceptual y formal. Presentarlos como un resultado independiente para mí es un error. Lo mismo sucede con la diagramación de una lámina de arquitectura, por ejemplo. Se trata este de un límite muy poco claro y definido. Quizá la experiencia te va afinando un poco el olfato mediante el ensayo y el error. No es algo inmediato porque como dices también es un proyecto paralelo que hay que atender. Sin embargo, como se mueve el mundo hoy en día -gracias a la tecnología y la sofisticación de los medios- no explorar sobre la maqueta con todo el potencial que tiene como medio de expresión me parece un gran desacierto, o al menos una desventaja.

Como proyectista, ¿usas maquetas también como herramienta de diseño?

Un arquitecto cuando elabora una vista tridimensional, unos planos, presenta una lámina, o hace una maqueta, refleja allí definitivamente su manera de pensar, cosa que no es menor ni tampoco son aspectos disociables de la idea de diseñar y proyectar. Sin embargo, a estas alturas, uno se lleva ciertas sorpresas porque eso que en la disciplina se considera como un “deber ser” al parecer no lo es. Es posible que el haber estudiado otras disciplinas vinculadas al arte, y también al diseño, haya influido en que nunca he podido concebir que se construya una maqueta sin pensarse previamente, que sea producto del azar y se muestre “como sea”. Yo creo en las maquetas como medio de comunicación del proyecto arquitectura. Desde que estudiaba entendí que, aunque costaba un poco más de trabajo hacerlas, era lo propio para hablar mucho menos y que las cosas estuvieran más claras, para bien y para mal. Por tanto, durante estos 25 años mi trabajo se ha ido centrado en experimentar sobre cómo se piensan, se ven y finalmente se hacen esas maquetas. Me atrevería a decir que quizá con algo más de madurez voy entendiendo de qué se trata, al menos mi propia búsqueda. En nuestra oficina nada se hace sin una maqueta. Nosotros hablamos con las manos, diseñando y construyendo objetos a escala. Una de las cosas que digo a los arquitectos jóvenes y estudiantes que pasan por allí es que si en algo me he esforzado siempre es en tratar de ser coherente y consecuente. Si a mis alumnos les exijo hacer muchas maquetas para comprender y diseñar el proyecto, no puedo hacer otra cosa que creer en eso en mi día a día que es la oficina.

   

OFICINA. Maquetas  de arquitectura / arquitectura interior / estudio / mobiliario. STArquitectos (1998-2016).

Maquetas: Manuel Salas / Karen Ortas / Katiuska de Sousa / Alejandro Dávila. STArquitectos.

 

A los clientes les mostramos las decisiones en dibujos pero siempre acompañadas de alguna maqueta, sobre todo en etapas iniciales y durante el desarrollo de algunos detalles. Además, sabemos que una buena maqueta es infalible para que una intención de proyecto sea comprendida por cualquier tipo de público. Nuestra oficina, o más bien taller, hoy en día es un pequeño receptáculo a doble altura que contiene estanterías con herramientas, materiales, pinturas, planos, libros, etc. pero sobre todo modelos a escala que muestran lo que han sido nuestras ideas en algún momento. Hay maquetas de proyectos y obras de todos los tipos (conceptuales, de desarrollo, de conjunto, de detalles, de arquitectura, urbanas, de mobiliario, de mis alumnos, etc). Están colgadas en paredes, puestas en repisas y sobre las mesas de trabajo. Se pueden ver allí desde las que se hicieron en dos días hasta las que han tardado varios meses. Cada persona que ha pasado por allí, colaborando en maquetas o proyectos, ha aprendido algo pero también ha aportado para que esos modelos hayan quedado así.  Siempre he pensado que nuestra oficina más que un centro de empleo, o un lugar donde se va a cumplir con unas tareas, es un taller de profesionalización. Es decir, es allí donde la gente comprueba que, con esfuerzo, lo que se dice en la academia sí se puede hacer en la calle y por el contrario lo que uno aprende en la calle es lo que uno enseña en la academia. Por eso nuestra manera de ver incluye, sin duda alguna, las maquetas y gracias a ellas no nos alejamos de esa realidad experimental que tanto hace falta en el día a día, sobre todo ante unos requerimientos económicos y funcionales tan rígidos y exigentes. En ellas comprobamos pero también probamos muchas cosas. En ese pequeño espacio de trabajo nos interesa reflexionar y ensayar pero principalmente poder construir, por eso empezamos siempre por hacer maquetas y luego nos vamos a las obras.

En un medio tan invadido por las imágenes digitales ¿cómo responden tus estudiantes ante este método, logras mejores resultados en el proceso de diseño?

Una de las cosas magníficas que tiene la FAU de la Universidad Central de Venezuela es que los estudiantes puedan escoger con quién quieren ver clases. Luego de unos cuantos años de docencia, percibo que los estudiantes que se inscriben en mis cursos saben a lo que van y al parecer a la gran mayoría de ellos les interesa esa manera de ver y de hacer el proyecto. Vienen dispuestos no sólo a explorar y recibir sino a aportarnos otras miradas que siempre enriquecen las experiencias. Uno hace las veces de guía y marca algunas pautas, pero solo eso. Creo que el principio de la “concepción en equipo” definitivamente influye en el estímulo y la disposición a aprender, y sumado al entusiasmo, generalmente ofrece unos buenos resultados. No sé si me atrevería a hablar de un “método” pero tal vez sí de unas estrategias y ejercicios específicos que al final tienen que ver con la búsqueda de un ambiente lo más óptimo posible para la enseñanza- aprendizaje. Me interesa primero eso que todo lo demás.

   

DOCENCIA. Maquetas sección, planta-sección, conjunto y síntesis. E. Final Taller Verticales. Derecha: Maquetas conceptuales . Anabella Pérez / Nathaly Morales. Maqueta huella. Marlen Marcano. UD9. FAU. Universidad Central de Venezuela, 2011-2016

 

Es importante destacar que en mis cursos es de suma importancia -luego de un proyecto arquitectónico comprometido con los valores formales-espaciales, el lugar y la ciudad, los materiales y nuestra arquitectura- la correcta representación. El trabajo se centra entonces en la búsqueda de la comunicación de esas ideas de arquitectura lo más clara posible. Eso implica por supuesto una labor extra que tiene que ver con dedicar tiempo para la diagramación de la lámina y el diseño de las maquetas. Este proceso va desde el tipo, la ubicación y tamaño de textos, el diseño y la construcción de despieces, pasando por las sombras de un corte perspectivo y hasta llegar a la paleta de colores, entre otras tantas cosas. Lo mismo sucede con las maquetas, en clases diseñamos y hacemos los planos de los objetos (plantas, cortes, fachadas y despieces, secciones perspectivas, etc.), y también renders. Con ese es material, que es de la pieza y no solo del proyecto arquitectónico, finalmente construimos los objetos en las escalas y formas necesarias.

Me preguntas ¿qué hemos logrado en cuanto a los resultados en el proceso de diseño? Ha sido como en toda experimentación de un taller de proyectos: buenos y malos resultados a nivel de arquitectura y también de presentación, tanto en las respuestas de los estudiantes como en las estrategias del profesor. Aunque suene trillado: quizá podría decir que últimamente se han logrado los trabajos más equilibrados y completos en cuanto a calidad de proyecto-presentación se refiere. Como siempre, es una manera más de enfocar el tema docente, no es la única y seguramente tampoco sea la mejor pero es una línea de trabajo que se ha llevado con constancia, ha ido madurando y se ha puesto a prueba con los años. Como dice el escritor y fotógrafo mexicano Juan Rulfo: “Se trabaja con imaginación, intuición y una verdad aparente; cuando esto se consigue entonces se logra la historia que uno quiere dar a conocer”. Nada está cerrado a posibles ajustes, giros y cambios, hemos tenido la suerte que nunca ha sido un trabajo perfecto y por eso seguimos intentando.

Los resultados de tus estudiantes son más que simples maquetas, son por sí mismos objetos de diseño y contemplación, ¿Cómo crees que se logran? y ¿Cómo se lleva a cabo el proceso para llegar hasta allí?

Pese a polémicas que alguna vez se han presentado con algunos colegas profesores, que hablan de “coartar la creatividad individual”, etc., en mis talleres siempre busco explorar cosas muy distintas en las entregas pero también existe una estricta homogeneidad al momento de presentar los proyectos. He trabajado durante mucho tiempo bajo esta modalidad pero con todas las variantes y experimentaciones que ofrece el caso. Es decir, se asigna un formato y en grupo tomamos decisiones para ir dando una imagen final y unitaria a las presentaciones ¿Por qué se unifica el trabajo de todos? Porque primero me interesa enseñar bien y de manera clara un camino en el que puedan todos puedan involucrarse e intercambiar, hablo del diseño de la presentación del curso.

   

DOCENCIA. Maquetas huella y maqueta conjunto. Derecha: Maquetas sección, conjunto y maqueta huella. Entregas Finales Talleres Verticales. UD9. FAU. Universidad Central de Venezuela, 2011-2016

 

Por otro lado, me interesa el proyecto de arquitectura por encima de cualquier distracción “creativa” particular o individual. Llevo tiempo pensando que, ante una muestra uniforme de los proyectos, el mejor trabajo deberá destacar por su calidad y sus valores como propuesta de arquitectura y no necesariamente por el manejo de unos valores expresivos (que en la gran mayoría de los casos los estudiantes no manejan y es muy lógico que sea así). Aunque no parezca tener relación directa, poniendo estas pautas, y haciendo que se cumplan, se está hablando sobre disciplina y orden, constancia, y hasta resolución de detalles, etc. se está enseñando finalmente lo que es la base de la arquitectura. Por otro lado, siento que como profesor mi deber no está solo en exigir que se presenten bien los trabajos, que les estudiantes sean “creativos”, o reclamar por qué no se les ha enseñado antes tal o cual cosa, sino también está en mostrar (y demostrar) cómo se hace eso, enseñarlo. Por eso planteamos un trabajo colectivo y además paso a paso.

En general, hablo constantemente de presentación (entregas) porque no concibo separar el proyecto, la gráfica y los planos y las maquetas, veo todo como una unidad. En mis cursos trato siempre que ese momento haga honor al esfuerzo y la dedicación que hubo durante el proceso previo. La formalidad y la precisión se acentúan cuando son entregas importantes, pero siempre los “cortes de proceso” son oportunidades para ensayar cómo mostrar el trabajo tanto individual como grupo. No recuerdo haberle dicho nunca a un estudiante que traiga una lámina o una maqueta en cualquier formato “para ver cómo queda”, siempre conversamos, probamos, ajustamos antes. Para llevar a cabo el trabajo, convenimos unas pautas y un guion casi cinematográfico bajo el que vamos desarrollando cada parte de la película que se muestra al final. Es un tema que suele tornarse complejo porque en ese campo de la representación los límites son difusos. Por lo que uno ha experimentado y ha podido ver, es muy fácil caer en instancias extremas como hacer una presentación constituida por una sumatoria o agrupación de requisitos o, por otro lado, caer en los excesos de una museografía innecesaria para un ámbito académico que no lo demanda ¿Cómo se enseña y cuál es ese límite concreto? En eso estamos, ensayando y tratando de aprender. Es necesario también comentar, por ejemplo, la importancia de estar conscientes como profesores de la cantidad de entregas y sus costos de producción, por eso siempre evaluamos caminos alternos, cosas que estén al alcance de todos y sean lo más económicas que se pueda. De todas maneras, si esto no fuera lo correcto nada es tan grave: los estudiantes siempre tendrán la oportunidad de probar otros caminos, incluso hacer todo lo contrario durante sus otros semestres. Charles Eames decía algo muy interesante y es que “Las habilidades del diseñador están en reconocer tantas limitaciones como sea posible y en su deseo y entusiasmo por trabajar con esas limitaciones”.

Sin embargo, la maqueta, así como los dibujos, modelos digitales y otros medios de representación, tiene su propia visualidad y plasticidad, ¿en qué medida esto no juega más bien en su contra convirtiéndola en un fin en sí y no en un medio como su condición de “modelo” indica que debe ser?, Es decir, ¿crees que una maqueta “bella” puede llegar a validar una propuesta de arquitectura que no es correcta, como sucede con muchos renders hiperrealistas de la actualidad?

Aunque la maqueta final pueda llegar a ser un ejercicio plástico que muestre un objeto bello y admirable, pienso que nunca debe perderse de vista lo que venimos conversando insistentemente desde el principio: su prioridad es la representación del proyecto de arquitectura y no proponer una realidad paralela. A primera vista, quizá sea posible confundir al observador frente a un proyecto con una presentación impactante o estridente. Sin embargo, luego de tomarnos con calma algunos minutos viendo y analizando las plantas, secciones y alzados, debería quedarnos claro si el proyecto es acertado o no, independientemente de los efectismos y maromas que expresen los recursos que lo representan. Tal vez, y sería tema de discusión para otra oportunidad, lo que necesitamos es entrenarnos para “saber ver”.

Desde que Francesco Talenti, por allá en Florencia en 1353, decidiera que había que hacer la que se conoce como la primera maqueta formal de conjunto (Santa Maria del Fiore), pasando por todos los ensayos en objetos a escala que hiciera Le Corbusier y llegando hasta las propuestas de Álvaro Siza, todos nos han hecho saber que la maqueta es una herramienta fundamental, cotidiana y necesaria para pensar, diseñar y exhibir buena arquitectura. Sabemos además que un proyecto puede apreciarse muchísimo mejor si está bien representado mediante una excelente maqueta, y que por el contrario podría verse perjudicado si es al revés. Lo que sí no debería suceder es que el observador, gracias a un análisis superficial e inmediato, se engañe viendo un proyecto deficiente como si fuera realmente excepcional.

Hoy en día, está claro que las maquetas son un campo de estudio que requiere de una especialización, no se trata solo de conocer sobre recetas para su ejecución sino también de aprender a pensarlas como objetos de “soportan” infinitas posibilidades de comunicación. Por tanto, es importante y necesario aprender y enseñar a no manipular la esencia del proyecto y sus aspectos significativos, sino más bien que a comprenderla para poder transmitirla sin distracciones ni obstáculos. En mi opinión personal, la asignatura de proyectos demanda conocer una serie de aspectos de la propia arquitectura que constituyen parte fundamental de la formación. Estos no pueden nunca pasar por debajo de un montaje escenográfico, las técnicas de dibujo o elaboración de modelos tridimensionales. La búsqueda del equilibrio pareciera ser la clave, como siempre.

DOCENCIA. Entregas Finales Taller  Vertical 3/4/5 Semestre. UD9.  FAU. Universidad Central de Venezuela,  2016. Foto: Juancho Mesa.

 

“Le Corbusier recurrirá por primera vez a Charles Lasnon para realizar la maqueta de la Maison Citrohan a exponer en el Salon d’Automne de 1922. El modelo realizado a escala 1:20 ofrecía una experiencia al espectador opuesta y complementaria al diorama de la Ville Contemporaine de trois millions  d’habitants, pues el  visitante rodea el objeto expuesto, en vez de estar envuelto en él. Por su tridimensionalidad, la maqueta de la Maison Citrohan será la primera muestra volumétrica de las teorías de Le Corbusier, no sólo para el gran público, sino también para los colegas de profesión. La descripción de L’Humanité refleja elocuentemente la novedad del lenguaje plástico que se pretende trasmitir”.

“Le Corbusier y Charles Lasnon: De las maquetas blancas de los Salones de Otoño a los plan-reliefs del nuevo urbanismo”. M. A de la Cova Morillo Velarde.

 

Arq. Víctor Sánchez Taffur

Entrevista para la revista UNO

Profesor de Proyectos

FAU. Universidad Central de Venezuela